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sábado, 19 de julio de 2008

Juana de Arco


Estoy segura que podré salir de donde estoy, sólo es cuestión de tiempo, de voluntad, de realmente desearlo ¡ojalá! con todas mis fuerzas.


La esperanza es mi amiga, la suerte una quimera, la realidad mi compañera y las fuerzas... que salgan de donde sea.


Sé que lo conseguiré, pues estoy luchando, cual amazona defendiendo su territorio (en plan Princesa Xena, la Guerrera, je,je). Mi terreno : yo misma. Mi invasor : el pasado (por decir uno).


Tengo razones para salir de ahí, pues tengo familia, tengo buenos amigos, tengo compañeros que se preocupan por mí, tengo vecinos, personas agradables que me voy encontrando en mi camino, ... (¿se ha hecho un poco largo?)


Aunque cuesta limpiarse por dentro, arduo trabajo, poco a poco se consigue. Yo lo sé, una voz dentro de mí, milagrosamente, me dice que voy por la buena senda . Siento que voy haciéndome más consciente de las cosas que hago o las que digo, a mí misma o a los demás, siento que voy aplazando mi impulsividad (cómo cuesta) y sé que puedo aprender. (y no veas cómo estoy aprendiendo).


Estoy dejando atrás el pasado, dejándolo marchar, y soy consciente que no siempre ¡buf! qué alivio! nos tenemos que encontrar el mismo tipo de personas en nuestra vida, (lo de repetir patrón, en falsos/as amigos/as o parejas , es cierto, se puede dar) pero si cambiamos nosotros, cambia nuestro entorno, eso está claro y, por consiguiente, sabremos elegir mejor, desde ya mismo : tanto a amigas o amigos, como a pareja, trabajo, elegir cualquier cosa, me refiero a.


Pues nada, a eso voy : a ponerme las pilas y ¡manos a la obra! conmigo misma, pues de todo se sale, no hay mal que cien años dure, ¡y qué narices!, que ya merezco dejarlo todo atrás y empezar una vida nueva, conmigo misma y con los demás.


Además, me dicen que animo mucho a la gente, yo lo noto también, hay caras que se alegran conmigo, ¡jolin qué bonito! (ay! parezco la Fresita, ¡viva el flower power!)


El camino es duro, pero, gracias a LO QUE SEA (cada uno que ponga lo que quiera en plan gracias a Dios, o al Universo, o a la Vida o yo qué sé... lo que sea, en Aquello que crea cada uno), no estamos solos en él, nos tenemos los unos a los otros. (ésto me ha flipado).


Y nada, ya para acabar : animar a todas aquellas personas que estén como yo, en su búsqueda personal, despertando de sus tinieblas, como yo de las mías, descubriendo su consciencia e intentando crecer como personas... que la vida sigue siendo bella a pesar de todo. Y que aunque suframos y lloremos, aquí seguimos, VIVIENDO Y APRENDIENDO y con ganas. ¡Adelante mis guerreros ! es una broma, ja,ja. (es que soy fan de Juana de Arco).


Felices vacaciones a los que las tengáis y a los que no... ánimo, ya queda menos.

4 comentarios:

Dan dijo...

Hola nina,
Som el que somiem ser i no dubtis mai que els somnis sempre s'acaben fent realitat si ho desitjem de cor, molts anims en la teva nova etapa i segur que aviat estaras on vulguis estar... molts animsssss.
Kisusssss

Gemma dijo...

Hola, no ens coneixem, però moltes gràcies per passar-te per aquí i deixar-me aquestes lletres encoratjadores. Salutacions.

La maestra dijo...

Soñar es bonito pero también es bueno mantener los pies en el suelo porque..."si la vida es sueño... ¿qué pasa cuando me despierto???"pues que una se lleva una sobredosis de realidad.
No digo que haya que dejar de soñar, ni mucho menos, porque "aceptar" es una cosa y "resignarse" otra muy distinta. Hay que luchar por lo que se desea. Podemos lograr todo aquello que nos propongamos y muchas veces el único impedimento que nos encontramos en el camino somos nosotros mismos.
Así que, adelante con ese espíritu guerrero! Nada de mirar atrás ni aferrarse a cosas del pasado el único secreto es...bueno, cuando leas el cuento que te regalo a continuación, lo verás.

LA ISLA DE LOS SENTIMIENTOS

Hubo una vez, una isla donde habitaban todas las emociones y todos los sentimientos humanos que existen. Convivían por supuesto, el temor, la sabiduría, el amor, la angustia, la envidia, el odio... Todos estaban allí. A pesar de los roces naturales de la convivencia, la vida era sumamente tranquila e incluso previsible. A veces la Rutina hacía que el Aburrimiento se quedara dormido o el Impulso armaba algún escándalo, pero muchas veces la Constancia lograba aquietar el Descontento.
Un día, inesperadamente para todos los habitantes de la isla, el Conocimiento convocó una reunión. Cuando la Distracción se dio por enterada y la Pereza llegó al lugar de encuentro, todos estuvieron presentes. Entonces el Conocimiento dijo:- Tengo una mala noticia que darles, la isla se hunde. Todas las emociones que vivían en la isla dijeron:-¡No, cómo puede ser! ¡Si nosotros vivimos aquí desde siempre! El Conocimiento repitió:- La isla se hunde. -¡Pero no puede ser! ¡Quizá estás equivocado! – El Conocimiento casi nunca se equivoca – dijo la Conciencia dándose cuenta de la verdad-. Si él dice que se hunde, debe ser porque se hunde. -¿Pero qué vamos a hacer ahora?- Se preguntaron los demás. Entonces el Conocimiento contestó: -Por supuesto, cada uno puede hacer lo que quiera, pero yo les sugiero que busquen la manera de dejar la isla... Construyan un barco, un bote, una balsa o algo que les permita irse, porque el que permanezca en la isla desaparecerá con ella. -¿No podrías ayudarnos? – Preguntaron todos, porque confiaban en su capacidad. – No- dijo el Conocimiento-, la Previsión y yo hemos construido un avión y en cuanto termine de decirles esto volaremos hasta la isla mas cercana.
Las emociones dijeron:- ¡No! ¡Pero, no! ¿Qué será de nosotras? Dicho esto, el Conocimiento se subió al avión con su socia y llevando de polizón al Miedo, que como no es tonto ya se había escondido en el motor, dejaron la isla. Todas las emociones, en efecto, se dedicaron a construir un bote, un barco, en velero...Todas...salvo el Amor.
Porque el Amor estaba tan relacionado con cada cosa de la isla que dijo:- Dejar esta isla...después de todo lo que viví aquí... ¿Cómo podría yo dejar este arbolito, por ejemplo? Ahh...compartimos tantas cosas...
Y mientras las emociones se dedicaban a fabricar el medio para irse, el Amor se subió a cada árbol, olió cada rosa, se fue hasta la playa y se revolcó en la arena como solía hacerlo en otros tiempos. Tocó cada piedra...y acarició cada rama...Al llegar a la playa, exactamente desde donde el sol salía, su lugar favorito, quiso pensar con esa ingenuidad que tiene el amor.
-Quizá la isla se hunda por un ratito...y después resurja... ¿Por qué no?- Y se quedo días y días midiendo la altura de la marea para revisar si el proceso de hundimiento no era reversible...
La isla se hundía cada vez mas...sin embargo el Amor no podía pensar en construir, porque estaba tan dolorido que solo era capaz de llorar y gemir por lo que perdería. Se le ocurrió entonces que la isla era muy grande y que aun cuando se hundiera un poco, siempre él podría refugiarse en la zona mas alta...cualquier cosa era mejor que tener que irse. Una pequeña renuncia nunca había sido un problema para él. Así que, una vez mas, tocó las piedrecillas de la orilla...y se arrastró por la arena...y otra vez se mojó los pies en la pequeña playa que antes fue enorme...
Luego, sin darse demasiado cuenta de su renuncia, caminó hacia la parte norte de la isla, que si bien no era la que mas le gustaba, era la más elevada...
Y la isla se hundía cada día un poco más...y el Amor se refugiaba cada día en un espacio más pequeño...- después de tantas cosas que pasamos juntos- le reprochó a la isla.
Hasta que, finalmente sólo quedó una minúscula porción de suelo firme, el resto había sido tapado completamente por el agua. Justo en ese momento el Amor se dio cuenta de que la isla se estaba hundiendo de verdad. Comprendió que, si no dejaba la isla, el amor desaparecería para siempre de la faz de la tierra...
Caminando entre senderos anegados y saltando enormes charcos de agua, el Amor se dirigió a la bahía.
Ya no había posibilidad de construirse una salida como la de todos, había perdido demasiado tiempo en negar lo que perdía y en llorar lo que desaparecía poco a poco ante sus ojos.
Desde allí podría ver pasar a sus compañeros en las embarcaciones. Tenía la esperanza de explicar su situación y de que alguno de sus compañeros le comprendiera y le llevara.
Observando el mar, vio venir el barco de la riqueza y le hizo señas. La Riqueza se acercó un poquito a la bahía. –Riqueza, tú que tienes un barco tan grande, ¿no me llevarías hasta la isla vecina? Yo sufrí tanto la desaparición de esta isla que no pude fabricarme un bote...y la Riqueza le contesto:- estoy tan cargada de dinero, de joyas y de piedras preciosas, que no tengo lugar para ti, lo siento...-y siguió su camino sin mirar atrás.
El Amor siguió observando, y vio venir a la Vanidad en un barco hermoso, lleno de adornos y florecitas de todos los colores. Llamaba muchísimo la atención. El Amor se estiró un poco y gritó:- ¡Vanidad...Vanidad...llévame contigo! La Vanidad miró al Amor y le dijo:- me encantaría llevarte, pero... ¡Tienes un aspecto! ¡Estás tan desagradable! tan sucio y tan desaliñado, perdón pero creo que afearías mi barco- y se fue.
Y así el Amor pidió ayuda a cada una de las embarcaciones. A la Constancia, a la Sensualidad, a los Celos, a la Indignación y hasta al Odio. Y cuando pensó que ya nadie más pasaría, vio acercarse un barco muy pequeño, el último, el de la Tristeza.
Tristeza, hermana- le dijo- tu que me conoces tanto, tú no me abandonarás aquí, eres tan sensible como yo... ¿Me llevarás contigo?
Y la Tristeza le contestó: - Yo te llevaría, te lo aseguro, pero estoy taaaaan triste...que prefiero estar sola- y sin decir más, se alejó.
Y el Amor, pobrecito, se dio cuenta de que por haberse quedado ligado a esas cosas que tanto amaba, él y la isla iban a hundirse en el mar hasta desaparecer. Entonces se sentó en el último pedacito que quedaba de su isla a esperar el final...
De pronto el Amor escuchó que alguien chistaba:- chst, chst, chst...
Era un desconocido viejito que le hacía señales desde un bote de remos. El Amor se sorprendió:- ¿A mi?- preguntó, llevándose una mano al pecho. –Sí , si - dijo el viejito-, a ti. Ven conmigo, súbete a mi bote y rema conmigo, yo te salvo. El Amor le miró y quiso darle explicaciones:- Lo que pasó fue que yo me quedé...- Entiendo- dijo el viejito sin dejarle terminar la frase-, sube.
El Amor subió al bote y juntos empezaron a remar para alejarse de la isla. No pasó mucho tiempo antes de ver como el último centímetro que quedaba a flote terminó de hundirse y la isla desaparecía para siempre.
Nunca volverá a existir una isla como esta – murmuró el Amor, quizá esperando que el viejito le contradijera y le diera alguna esperanza. – No- dijo el viejo, como esta, nunca.
Cuando llegaron a la isla vecina, el Amor comprendió que seguía vivo. Se dio cuenta de que iba a seguir existiendo. Giró sobre sus pies para agradecerle al viejecito, pero este, sin decir una palabra, se había marchado tan misteriosamente como había aparecido. Entonces, el Amor, muy intrigado, fue en busca de la Sabiduría para preguntarle:- ¿Cómo puede ser? Yo no lo conozco y él me salvó... Nadie comprendía que me hubiera quedado sin embarcación, pero él me ayudó, él me salvó y yo ni siquiera se quien es...
La Sabiduría lo miró a los ojos un buen rato y dijo:- Él es el único capaz de conseguir que el amor sobreviva cuando el dolor de una pérdida le hace creer que es imposible seguir adelante. El único capaz de darle una nueva oportunidad al amor cuando parece extinguirse. El que te salvó, Amor, es el Tiempo.

Gemma dijo...

Mi maestraaaa ! qué bueno, anda, haz un blog ¡pero ya! Puedes empezar poniendo este cuento tan chulo, por cierto, me ha encantado, cuánta razón tiene, el Tiempo lo pone todo en su sitio, sí señora. ¡Y cómo me gusta... cuando te sale a tí también ese espíritu guerrero! todas somos un poco Juana de Arco. Un abrazo!.